Algunos comercios tarifeños tienen una oferta común: unos gatitos de todos los colores que fabrican mujeres de Douar, una pequeña aldea donde conviven unas trescientas familias en unas condiciones de necesidad. De ellas, pero sobre todo de sus niños, se vienen ocupando un grupo de mujeres que, bajo la denominación de ADDL, trabajan conjuntamente desde España, Marruecos y Noruega.
Verónica Rodríguez es la presidenta que, como la tesorera, Charo Gil, tienen establecimientos en la milenaria ciudad.
ADDL (Asociación y Desarrollo Douar Laraiche) es el germen de una ambición colectiva de un grupo de mujeres que sienten la necesidad de trabajar por los demás. Todo comenzó por casualidad, cuando en el restaurante que regenta Verónica, ahora hace dos años, entraron dos mujeres francesas que tuvieron la oportunidad de explicar a la propietaria del local las tareas que ya realizaban desde la asociación, una de ellas llamada Florence, que vive en Douar, una pequeña aldea que se encuentra en la carretera costera de Safi, a unos 20 kilómetros.
“Me encantó. Soy de mucho ayudar y la verdad es que siempre he querido tener una asociación y participar en algo como esto, pero no sabía dónde ni cómo”. Vero es una mujer inquieta y apasionada y nos confiesa que a sus 40 años se marchó solo en su coche a la aldea marroquí, “llegué a otro mundo y allí estaba Florence. En la aldea tenían un colegio. Los niños se escolarizaban a partir de los seis años, por lo que luchamos para que se extendiera desde los tres”.

Para la construcción del aulario, para la contratación de un educador, para proveer el centro de material escolar o para transportar a los niños al colegio en un ‘triporter’ hace falta dinero y ADDL trabaja para ello. Porque no sólo se marcaron como objetivos conseguir una mejor educación para los niños de esa aldea sino que además añadieron otros como cubrir los gastos médicos, financiar tareas de suministro de agua potable y favorecer la artesanía de las mujeres de la aldea que por la confección de los gatitos perciben un sueldo.
Estamos hablando de una asociación de seis mujeres inquietas y dispuestas a ampliar horizontes de solidaridad por lo que ADDL se va a convertir ahora en ADDS (Asociación por el Desarrollo de Derechos Sociales), que simplemente trata de ampliar la zona de ayuda, enfocando ahora su acción en atender a personas sin educación y formarlas para el mundo laboral, por lo que ya está en marcha la idea de crear un centro formativo.
“El problema en la aldea es que los padres rescatan a sus hijos cuando cumplen 16 años para llevarlos a trabajar”, explica Veró, “queremos actuar para que los niños con capacidades puedan seguir formándose y que no se bloqueen por los padres que, en su gran mayoría, tienen necesidades económicas, les faltan recursos y no ven los estudios como una necesidad”