Sobre la Bahía de Algeciras/Gibraltar se articula un territorio peculiar, cargado de singularidad cuyas especificidades derivan fundamentalmente de dos circunstancias. Por un lado, su ubicación como bahía semicerrada en la embocadura del Estrecho de Gibraltar, configurando uno de los puntos más meridionales de la Europa continental, en contacto con dos mares y dos continentes. La riqueza ecológica, la diversidad ambiental y el impactante patrimonio paisajístico de la zona le confiere una identidad única.
Por otro lado, la presencia británica en la Roca desde su conquista en 1704 y su cesión jurídica mediante el Tratado de Utrecht en 1713 ha condicionado una compleja relación entre los Estados y los pueblos de la zona que ha atravesado diversas etapas a lo largo de la historia, alguna de ellas extraordinariamente dañina y perjudicial para la zona (como el cierre de la frontera en 1969 por el dictador Franco).

La realidad actual es una zona sometida a enormes tensiones derivadas de un contexto geopolítico peculiar. Algunas de estas tensiones tienen su origen, contexto y, por lo tanto, posibilidades de solución, a miles de kilómetros (Brexit), pero, sin embargo, las ondas de choque se sienten directamente aquí con enorme magnitud. De alguna manera, la zona es rehén de tensiones, disputas y controversias que suceden en lugares muy lejanos, en sitios y despachos donde apenas se conoce la realidad de este espacio singular. La consecuencia es la existencia de un área en permanente estado de tensión. Con una disparidad de rentas, problemas endémicos de falta de oportunidades en el lado español, altas tasas de desempleo, con enormes desigualdades y carencias. En el lado gibraltareño, enormes desafíos que derivan de un entorno cambiante y volátil.

Gibraltar y su entorno ofrecen, no obstante, un enorme potencial si es canalizado adecuadamente. Existe una enorme complementariedad en diversos factores que podrían potenciar un gran crecimiento económico y social. La diversidad cultural y lingüística, la existencia de sistemas jurídicos diferentes, no solo no es un problema, sino que, por el contrario, es una enorme ventaja en tiempos de globalización.

En consecuencia es absolutamente necesario una normalización en el marco de las relaciones transfronterizas, el asentamiento de una relación fluida y de confianza mutua, el abandono de los dañinos tópicos negativos existentes en ambas partes de la Verja y un marco de diálogo, basado en el respeto, que garantice una relación fluida y mutuamente ventajosa. Si se consiguiera esto algún día, esta Bahía podría transformarse en un entorno generador de riqueza y de oportunidades únicas, para las poblaciones de uno y otro lado de la Verja.
El autor es profesor del Departamento de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad de Cádiz