Reach Alcance Edition 19 | Gibraltar | Campo de Gibraltar | Editorial: Martín Serrano
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En octubre nos preparamos para participar en dos procesos electorales que nos atañen y que son bien distintos en su forma y fondo. Por un lado, en Gibraltar y como horizonte el 31 como fecha de salida del Reino Unido de la Unión Europea y por otro, la campaña electoral de las elecciones generales en España el diez de noviembre.
En Gibraltar y bajo un sistema electoral tradicional pero garantista de estabilidad, el ministro principal, Fabian Picardo, considera que la llegada del Brexit exige un gobierno avalado por las urnas y capacitado para enfrentarse con garantías a un proceso del que la zona no va estar ajeno, no ya solo Gibraltar sino también su hinterland.
Es lo mismo que desearía el primer ministro Johnson para el Reino Unido pero que puede verse abortado por el duro revés que ha supuesto el pronunciamiento del Tribunal Supremo sobre el cierre del Parlamento y su reapertura que abre de nuevo la baraja a soluciones que no pasen por una separación salvaje y sin control de la UE.
Es de agradecer que en Gibraltar se opte por requerir la opinión y el deseo del pueblo sin miedo a que los intereses políticos de los partidos hagan trizas al pronunciamiento democrático de los votantes.

En España hubo un largo periodo de estabilidad con el bipartidismo que en caso de necesidad siempre encontraba en los partidos nacionalistas, tanto el catalán como el vasco, el apoyo necesario a cambio de prebendas que, a la postre, son las que han desembocado en la inestabilidad territorial actual.
La llegada de partidos emergentes con liderazgos inmaduros ha roto el bipartidismo pero también la estabilidad por lo que no basta que un partido gane holgadamente las elecciones para asegurarse un gobierno de cuatro años si a lo que se apela es al sentido de Estado de los miembros de Congreso como se ha demostrado en esta cuarta convocatoria electoral en cuatro años.
El tacticismo irresponsable de los partidos ha provocado un gran malestar entre los votantes. Esto hiere a la democracia, la debilita y propicia que los partidos populistas vayan ganando terreno. El sistema electoral español debe modificarse para que los votos valgan igual en Andalucía que en Navarra.
Y mientras el 17 Gibraltar votará sabiendo que se conformará un gobierno sólido, en España, ante la desazón popular, muchos se preguntarán si el 10 de noviembre se abrirán o no, por fin, las puertas a la estabilidad.