Isabel Martínez, directora de la ONCE en La Línea: ‘Lo esencial es invisible a los ojos’
Mujer, madre, invidente y directora de la ONCE en La Línea. Es Isabel Martínez, todo un ejemplo de superación y de que, con empeño, todos podemos alcanzar metas impensables.
“Todos estamos capacitados para lo que nos propongamos”. Es la contundente afirmación de quien sabe muy bien de lo que habla y lo ha demostrado con creces.
Hablamos de Isabel Martínez, mujer, madre, invidente y directora de la agencia de la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE) de La Línea, todo un ejemplo de superación y de lo que significa que si se quiere, se puede.

Es de Pulpí (Almería) y tiene 34 años. Lleva desde 2002 afiliada a la ONCE por una patología degenerativa denominada retinosis pigmentaria que le detectaron cuando sólo tenía 14 años. Pese a ello, conservaba un resto de visión y se desenvolvía bien. Sin embargo, su vida dio un cambio radical cuando alcanzó la mayoría de edad.
Cursaba su primer año universitario en Granada cuando, en sólo seis meses, perdió completamente el campo de visión. Fue como empezar de cero, pero lo hizo. Continuó con sus estudios. “No paré. Los profesionales de la ONCE me orientaron para que siguiera cursando mis estudios y fuera eligiendo el futuro que quería”, explica.
En Granada estuvo diez años. Estudió Trabajo Social, algo que compatibilizaba con su actividad voluntaria en la ONCE. Su determinación hizo que continuara estudiando hasta cursar un máster en Almería.
En enero de 2013 la trasladaron a La Línea y la nombraron directora de la agencia de la ONCE. Tiene a 102 trabajadores a su cargo de los que 99 son vendedores. El número de afiliados en La Línea y San Roque, municipios a los que presta servicio esta delegación, es de 172.
El camino ha sido arduo: “No ha sido fácil llegar hasta aquí, no sólo en el ámbito laboral sino en cómo fui capaz de adaptarme a la nueva situación, a mi nueva vida, porque me cambió totalmente. De desenvolverme con un resto de visión más o menos decente, a precisar adaptaciones sonoras y Braille. Y para moverme por la calle, un bastón. Fue empezar de nuevo”.

Es madre de una niña de menos de dos años, por lo que la conciliación familiar y la laboral es un obstáculo a sumar en la larga lista de los muchos que afronta a diario.
El reparto de tareas y responsabilidades con su pareja, que tiene discapacidad visual grave, es equitativo, lo que les está permitiendo afrontar sus respectivos trabajos con esta nueva responsabilidad.
“Mi pareja y yo nos vamos organizando. Las tareas nos las repartimos muy bien. Si necesitamos apoyos puntuales, al no tener familia aquí, se puede acudir a algún canguro, aunque nos organizamos bastante bien”. Pese a todo, asegura que aún queda bastante por conseguir en España en el ámbito de la conciliación.
El día a día también supone continuos retos para Isabel, aunque la tecnología le facilita mucho las cosas, como los programas de síntesis de voz en el ordenador y dispositivos móviles:
“La tecnología nos permite estar en comunicación con familiares y amigos, tramitar solicitudes, leer un libro escuchándolo, comprar en el supermercado… Sin embargo, no todas las páginas web son accesibles para nosotros y sigue habiendo hay muchas limitaciones”.
Entre sus aficiones, confiesa que está la lectura, especialmente leer artículos en inglés, un idioma que ha sido una de sus pasiones desde adolescente.

“Lo he tenido que ir dejando. De hecho, empecé a estudiar Traducción e Interpretación pero se me truncó todo el ritmo de vida y cambié a Trabajo Social”, apunta. También le pierde salir de tapas y reconoce que ha llegado a un buen sitio “porque en La Línea se tapea muy bien”.
En el lado opuesto, las numerosas barreras que tiene La Línea para las personas con algún tipo de discapacidad física o sensorial: acerados estrechos, boquetes y un sinfín de obstáculos.
“Se hace muy complicado transitar por La Línea. Yo llevo un bastón de los más gruesos porque se puede meter en cualquier alcantarilla o boquete. Y ya no sólo eso, también está el tema cívico. Hay gente que aparca en cualquier sitio. Además, las aceras están mal”, se queja cargada de razón.
Lo que más impresiona de ella a lo largo de la entrevista es su naturalidad y la serenidad con la que asume sus limitaciones, pero también la fortaleza de quien no se resigna y lucha por superarse día a día.
“Tenemos diversidad funcional. Somos personas con limitaciones para unas cosas pero para otras no. Potenciemos por tanto lo que podemos hacer y, si no podemos hacer algo, adaptémoslo de la mejor manera porque al final, quien quiere, puede y eso lo sé yo muy bien”, sentencia.
Isabel Martínez, directora de la ONCE en La Línea: ‘Lo esencial es invisible a los ojos’