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Cuando el cabello es mucho más que una cuestión de estética

Rosario Pérez

José Antonio Ramos 'Pelucas Solidarias'

José Antonio Ramos, peluquero de Taraguilla, es el impulsor de esta iniciativa, que ayuda a que cualquier enferma de cáncer se enfrente a la pérdida de su pelo, sea cual sea su situación económica

Hace 11 años, una casualidad hizo que José Antonio Ramos, un peluquero de Taraguilla, en San Roque, se diera cuenta, de verdad, de lo que vale una peluca… un valor más allá del precio puramente físico, comercial, que se convierte en desorbitado cuando la persona, generalmente una mujer, necesita pagarlo, pero no puede.

Ese fue el germen del nacimiento de Pelucas Solidarias Andalucía, una iniciativa humanitaria que pretende cambiar el difícil día a día de las personas que se enfrentan a un cáncer, y que no siempre pueden afrontar el coste añadido, emocional y económico, que supone no querer hacerlo con la cabeza cubierta por un pañuelo, cuando el pelo se pierde.

“Una vez, adquiriendo productos para mi establecimiento, coincidí con una señora que estaba intentando adquirir una peluca para su hija, y el precio que le pedían, casi 600 euros, me llamó tanto la atención que quise saber cuánto me costaría si la compraba yo, siendo peluquero…

José Antonio Ramos 'Pelucas Solidarias'
‘Pelucas Solidarias’

Y resulta que a mí se me quedaba en ciento y pico. Aquello me dejó un poco descolocado, y a partir de ahí, cada vez que me enteraba de que alguien conocido estaba con un tratamiento, y necesitaba una peluca, yo la encargaba como si fuera para mí y se la vendía a precio de fábrica”.

Ramos, que perdió también a una familiar a consecuencia de un cáncer, decidió que él podía hacer algo más para hacer un poco más fácil la vida de todas esas mujeres, que “bastante tienen con lo que están pasando como para tener que afrontar un desembolso tan elevado, cuando no hablamos de un capricho, sino de una necesidad emocional, que debería cubrir la Seguridad Social”. Ese “algo más, ante una demanda que no dejaba de crecer, fue la creación de una asociación que, a día de hoy, cinco años después de su formalización, ha dispensado ya más de 500 pelucas.

Con la ayuda de empresas y entidades colaboradoras, como Acerinox, Maersk o la APBA, así como de donaciones de particulares, se adquieren pelucas de calidad, de pelo natural, que luego se venden a precio de costo, pero también se pueden “alquilar”, con un donativo de 60 euros, pelucas sintéticas de monofilamento, un material imposible de distinguir del pelo natural, que luego, cuando la persona se cura, se devuelve a la asociación.

Con esta donación se facilita que otras personas que no pueden permitirse adquirir una peluca puedan usarlas, con la condición de devolverlas, a su vez, cuando se recuperen. Y la asociación se hace cargo de la limpieza de las pelucas usadas, así como de su acondicionamiento, alargando su vida útil.

Pero la labor de Pelucas Solidarias, que para casos especiales colabora también con la asociación Mechones Solidarios, no se limita a facilitar pelucas, sino que hay una atención personalizada y de asesoramiento que va más allá.

José Antonio Ramos 'Pelucas Solidarias'
José Antonio Ramos ‘Pelucas Solidarias’

“Cuando la persona viene aquí, muchas de ellas “derivadas” desde las consultas de sus oncólogos, tanto de hospitales públicos como de clínicas privadas, nosotros le hablamos muy claro, y con todo el cariño posible, pero sin maquillar la realidad, le decimos lo que va a pasar: que el pelo se va a empezar a caer en tal fase del tratamiento, sobre el día 18 de la primera sesión de quimioterapia… y que en ese momento, sin esperar a que todo sea más desagradable, es cuando tiene que venir: nosotros le rapamos su cabeza y le colocamos la peluca que ya antes hayamos elegido, con su tono y su corte de pelo, para que no se note el cambio”.

La inmensa mayoría de las usuarias de Pelucas Solidarias son mujeres, pero Ramos es consciente de que el número de usuarios varones, todavía escaso, puede ir a más con el tiempo.

os chicos de hoy le dan más importancia a la estética de la que le dábamos antes, y aunque un varón con la cabeza rapada es algo que ya no se ve raro, sino normal, cada vez serán más los hombres que, pudiendo elegir, prefieran conservar el look que tenían antes de la enfermedad”.

En toda esta historia sólo hubo un detalle con el que Ramos no contó: el corazón, la implicación personal. “Eso ha sido lo más duro, sobre todo al principio: aprender a hablarle a esas personas, mirar a la cara a chicas de 20 años, de 30, de 40, mujeres embarazadas, sin saber qué decirles, porque no todo el mundo reacciona igual…

Hoy en día lo llevo un poco mejor, aunque todavía hay situaciones que te rompen, pero también hay momentos muy bonitos, como cuando vi entrar por la puerta a una chica que había tenido su tratamiento estando en estado, y que un día vino a devolverme la peluca con su bebé en brazos”.

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