¿Qué supone no plantar cara al alga invasora?
Antonio Vegara. Maestro y ecologista/Teacher and ecologist
Cualquier ser vivo que invade un ecosistema lo transforma, o mejor dicho, su anterior transformación permite la expansión de una especie invasora.
No actuar frente al alga invasora exótica Rugulopteryx okamurae es peligroso porque provocará una transformación irreversible del Estrecho, dando continuidad a la negligencia administrativa que facilitó su previa pérdida de bio-diversidad, y con ella nuestra propia forma de vida.
Muchas personas defienden esperar a la autorregulación del ecosistema marino. Su establecimiento en el estrecho de Gibraltar no se ha producido con moderación y lucha sostenida por el espacio con la biota local, sino de manera expansiva y desbordante generando un impacto visual y ecológico sin precedentes.
Por tanto, aunque no hay precedentes para visualizar una estimación, no es descabellado estimar en decenas de años la autorregulación, la cual sería una adaptación de todo lo existente para un cambio sustancial.
Por ejemplo, las especies que han sido desplazadas y que ya no están en nuestra costa como el erizo, el burgaillo o la lapa no volverán a existir. Y con ellas el cardumen que alimenta a los peces, modificando la red trófica para los que de siempre vivieron en el Estrecho.
La sobreexplotación de una especie la lleva a su eliminación. Ese paradigma científico nos muestra una debilidad del alga, crearle un depredador, el ser humano.
Poner un precio en lonja de 10 céntimos el kg fresco de alga permitiría una legión de mariscadores, bajo las directrices de un Plan de Manejo de la Especie, que trabajarían cada día de cada año para llevar materia prima natural a una planta de procesamiento que fabricaría un producto final Made in Strait of Gibraltar, permitiendo la entrada paulatina de las especies autóctonas.
Porque a golpe de dinero público solo retirando algas de la playa no vamos a ningún lado, bueno, a enterrar dinero y nuestro ecosistema.