Rosario Pérez
Con “los pies en la tierra y la mirada en el cielo”…
Así es como se ha sentido muchas veces, a la hora de afrontar su vida y su obra. la pintora algecireña Blanca Orozco, cuya obra ‘Pedes in terra ad sidera visus’ permanece expuesta desde el pasado mes de julio en el conjunto arqueológico de Baelo Claudia, en cuyas paredes habitará hasta el próximo 30 de diciembre.
Orozco no se imagina haciendo otra cosa que no sea pintando, y así lo demuestra su extenso currículum, con exposiciones en las Ferias de Arte Contemporáneo de Málaga y Madrid, la galería de Nando Argüelles en Sotogrande, la Galería Manolo Alés de La Línea, el Castillo de Guzmán el Bueno en Tarifa, la Fundación José Luis Cano y AlCultura, en Algeciras… Además, parte de su prolífica obra ha podido ser disfrutada también en museos como el de Azuaga (Badajoz), Marmolejo (Córdoba), y el de Arte Contemporáneo de Sofía (Bulgaria).

“Yo siempre digo que nací pintora, porque pinto desde pequeña, desde que me alcanza la memoria… De hecho, no tengo recuerdos míos sin pintar, y tampoco es algo que yo decidiera de manera racional, sino que es algo que fluyó en mí de forma natural, como si hubiera nacido conmigo…”.

Así, como algo natural, y no como un planteamiento, surgió la idea, primero, de que sus padres la inscribieran, a muy temprana edad, en una academia, y luego, años más tarde, de estudiar Bellas Artes en la Universidad. De la época universitaria guarda buenos recuerdos, pero tampoco cree que aquello marcara un antes y un después en su trayectoria artística, como tampoco lo hizo su estancia en Berlín, a pesar de todo lo que se enriqueció y nutrió de ella. “En realidad, hasta que no te enfrentas a tu primera exposición y al reto que supone intentar ganarte la vida con la pintura no te das cuenta de que tienes que encontrar tu propio lenguaje, tu propio camino… Ahí, en ese salir al mundo con tu obra, en ese intentar que poco a poco se te vaya conociendo, es cuando empieza lo difícil”.

Orozco, afincada desde hace años en Tarifa, donde tiene su estudio-taller, recuerda con cariño que una de sus primeras exposiciones fue en Algeciras, en la sala Cajasur, en un mano a mano artístico con su amiga Fátima Conesa. “Fue la exposición con más volumen de obras de cuantas había hecho hasta entonces, y fue también la primera vez que un cuadro mío se vendía… Y en ese momento aprendes que eso genera en tí una sensación contradictoria: por un lado, la alegría y la satisfacción de que alguien quiera comprar algo tuyo, pero, por otro, esa especie de vacío que supone dejar ir algo que has creado tú… Es muy bonito que alguien valore una obra tuya, y la elija, y quiera pagar por ella, pero, al mismo tiempo, es raro desprenderse de algo tan personal, tan íntimo, y ahí hay un aprendizaje… hasta que te acostumbras”.

Blanca Orozco también se siente docente; no en vano, también lleva ya diez años enseñando a otros a pintar… aunque, según reconoce, a su manera: “Me encanta enseñar, pero con mucha libertad, y no concibo mis talleres sino como un espacio para la expresión y la creatividad… Siempre tiene que haber una base y una técnica, claro, pero el concepto de academia clásica no va conmigo”.