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Anón, el viejo hostal de Jimena

Martin Serrano

Anon Jimena

Para llegar al Anón tenemos que ‘escalar’ una pequeña cuesta muy empinada. Es el precio que hay que pagar para acceder a uno de los lugares de ocio con más encanto del Campo de Gibraltar.

Llegamos a un laberinto de formas donde cinco casas solariegas, de más de 300 años de antigüedad, serpentean caprichosamente alrededor del emblemático chirimoyo que da nombre a este señero establecimiento de Jimena de la Frontera, que acaba de cumplir cuarenta años.

Quien va, regresa. . Es probable porque Anón es una caja repleta de sorpresas donde priman orgullosos los rincones romanticones, la madera añeja, el olor a abuela, una cocina única y doce habitaciones, repartidas allí y acá, donde el acceso te obliga a subir y bajar y contemplar, mirar, tumbarse al lado de la pequeña piscina de allá arriba, otear el horizonte verde o sentirse acompañado de la colección de los trenes en miniatura que celosamente se guardan en las alacenas de madera o en la rica colección de botellas de whisky o en los fósiles de Brasil.

Anon Jimena

Y la música que inunda con sus melodías el buen gusto que preside el ambiente del lugar.

Todo comenzó hace 43 años cuando llegaban a Jimena a visitar a sus familiares Garth Odell y su esposa Susana. El ciudadano británico que venía de habitar con su mujer en un barco, de recorrer países como Arabia Saudita, Uganda y Kenia y de recorrer Europa optaron por fijar su residencia permanente en Jimena, “porque la naturaleza que me rodea me recuerda a mis países africanos’, recuerda Susana que decía su marido. Fallecido hace 25 años pero cuya impronta en el local sigue muy presente, un coleccionista fantástico, un amante de las antigüedades, un romántico empedernido que fue adquiriendo las casas para ir dotándolas de ese espíritu anclado en el tiempo donde pocas cosas se tocan o se rinden a la modernidad.

Anon Jimena

Pero Anón también es Gabriel Delgado y su hija Isabel. Él entró a trabajar cuando sólo tenía 17 años y desde entonces, aunque con la forzada ausencia por la mili, se convierte en una pieza clave en la gerencia del local y en el mantenimiento de sus esencias ambientales, pero sobre todo gastronómicas.

Isabel acuna a su pequeña recién nacida frente a la chimenea, mientras Gabriel y Susana no pierden hilo. Saben que buena parte de su prestigio reside en las cosas del comer, pero también en que aparezca el local como uno de los principales lugares que hay que ver en las páginas de viajes de más prestigio del mundo.

En el Anón todo es natural. Hasta el pan, mezcla de pan cateto e inglés, se sirve tostado por la mañana y es el acompañante ideal del rey de la casa, el paté de hígado que ya me advierte Gabriel cuya composición no me va a desvelar. “Es secreto”, dice.

Pero hay más. o fue sencillo introducir en la tradicional cocina de este pueblo andaluz platos extranjeros, de medio mundo, aunque al final, con el paso del tiempo, replica Isa que ahora todo el pueblo los conoce y los saborea, aunque no por ello se rechaza los platos típicos del lugar como los de las chantarellas o el venado.

Anon Jimena

Si va al Anón pida el pastel de carne inglés, el oriental satay de pollo o los filetes de mero con coco y curry, el hojaldre de pollo, el solomillo con cabrales. Pero tampoco olvide de comer alubias mexicanas o la mousaka griega, que es el rey de los sentidos de Anón para el que escribe y así y mucho más.

En este lugar recóndito y romántico de encuentros todo parece preparado para que los turistas regresen, un local abierto, asequible y único del que cuesta despedirse.

Anón procede del nombre botánico Annona, comúnmente conocido como chirimoya, el árbol frutal que se encuentra en el patio interior y unifica las cinco casas que conforman este espléndido hostal.

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