La incertidumbre se ha apoderado del proceso del Brexit.
La incertidumbre se ha apoderado del proceso del Brexit. Nadie es capaz de aventurar ni en el Reino Unido, ni en España, ni en la Unión Europea que va a pasar mañana ni mucho menos que sucederá en cien días, el 29 de marzo, la fecha que está marcada en el calendario europeo como el del fatídico adiós de los británicos de lo que fue el Mercado Común Europeo, la Comunidad Económica Europea y ahora la Unión Europea, asociación multilateral a la que el Reino Unido ha pertenecido durante 45 años, bien es verdad que con polémicas sin cuento por la aversión británica a la cesión de soberanía y al exceso de trabas burocráticas y, por decirlo todo, la obsesión de la Unión por reglamentar cuestiones nimias.

Gibraltar ha acompañado al Reino Unido en esta aventura europea de mejor grado que el conjunto del Reino Unido – así lo ha acreditado el referéndum de salida rechazado masivamente en Gibraltar aunque su status era “sui generis”, pero el europeismo de los gibraltareños quedó más qué demostrado.
Ahora la situación es otra. Entra dentro de lo posible un rechazo del Parlamento Británico al acuerdo negociado con la UE. En ese caso cabe preguntarse cuál sería el futuro de Gibraltar fuera de la Unión, por la salida del RU.
Tenemos delante un Memorándum y varios Protocolos duramente negociados entre el Reino Unido y España, con decisiva presencia activa gibraltareña en la Delegación británica. Esos documentos pueden seguir vivos y, por tanto, hay una base de acuerdo que pueden prolongarse en el tiempo para garantizar un “status quo” que está dando buenos resultados.
Cualquier acuerdo es bueno cuando no beneficia o deja satisfecha sólo a una de las partes. Éste es el caso. Ambas partes han cedido para que la comarca siga progresando.

Los acuerdos financieros, sobre el tabaco, sobre los pasos fronterizos etc. regulan materias que antes no tenían normativas eficaces aplicables. La otra pata de esta apuesta política es el Plan Integral del Campo de Gibraltar dotado inicialmente con 1000 millones de euros y que servirá de trampolín para la ciudadanía del Campo.
Estar condenados a entenderse es la peor expresión para describir la situación. La mejor es el aprovechamiento de sinergias entre poblaciones cercanas y amigas. Entre puertos que compiten, entre industrias que venden a ambos lados de la verja, entre trabajadores y directivos que intercambian experiencias y es una llamada a la profundización de relaciones.
Que miles de trabajadores acudan a sus puestos de trabajo a Gibraltar es esperanzador, pero que se instalen en el hinterland campogibraltareño nuevos proyectos empresariales es mucho más prometedor. Ayuda a un reequilibrio demandado por imperativo de la justicia social y de una correcta cohesión territorial. Este pensamiento, para que progrese, debe ser aceptado primero e impulsado después por todas las partes.
Vivimos juntos, trabajamos juntos. Progresemos juntos.