Juan Martínez | Pelayo: 94 años repletos de lucidez | Campo de Gibraltar
Todos los días se levanta muy temprano. Se arregla y visita la panadería a recoger un bollo para desayunar. Se lava la ropa, se hace la comida y la cama, da de comer a las gallinas. Tiene su hogar en orden y acude cada mañana a echar “una manita” a la panadería familiar en Pelayo, donde ha vivido siempre.
Se llama Juan Martínez y en diciembre cumplirá 95 años. Disfruta de una memoria prodigiosa. Juan nos confiesa que ha tenido problemas de salud, que parecen felizmente superados. Un cáncer de páncreas hace 17 años y una neumonía “de la que salí muy débil”. Hablamos con nuestro hombre en la misma panadería familiar junto a su sobrina Milagros.

Soy nacido en Pelayo y criado aquí, donde he trabajado de todo desde muy pequeño. Mi padre enfermó y mi madre se quedó viuda muy joven con cinco hijos. Trabajaba en lo que salía, aunque siempre he estado ligado a la panadería”.
Ahora se vive más tranquilo que antes, “aunque hay más maldad, creo yo”. No titubea cuando acude al pasado. Sabe que tiene una hermosa vida que contar, probablemente mucho más interesante y apasionada de la de otros que ocupan siempre lugares de privilegio.

Se casó, pero tarde, “a los 35 años, aunque me eche novia seis o siete años antes. Eso era a la fuerza. Yo conocía a la que iba a ser mi mujer de antes. Celebramos la boda en el Pavo Real, pero una copita, nada de banquete, fue mucha gente, aquí todos nos conocíamos”. Recuerda que antes se veía con los amigos que disfrutaban de las canciones del grupo ‘Los Chocleros’, integrado por Juan, Pepe y Antonio, “se formaban bailes, un domingo sí y otro no”.
Recuerda que su novia, Antonía, trabajaba en Huerta Serafín, donde en su tiempo “se recolectaban ciruelas gordas y amarillas. Allí empezamos” y ahora está a punto de cumplirse 24 años desde que se marchó, “no tuvimos hijos, pero sí tengo familia”.
Desde entonces vive solo en una casa de Pelayo, a pocos metros de la panadería, “me manejo, a veces me arriman algo y cocino puchero y potaje, y las patatas fritas y el chorizo que no falte”. En los ojos de Juan luce la lucidez y la esencia que pesa en todo lo vivido.

“Desde chiquitito he trabajado, desde arriero, en el campo, en el horno de pan, repartiendo en Algeciras durante veinte años y luego me jubilé…tengo un huertecito, que cuido”.
¿Cómo es el día a día de este hombre normal y sencillo que ha escrito con letras de oro toda una existencia que sigue su curso?
“Me levanto a las seis de la mañana, me vengo a la panadería y cojo el bollito, desayuno, le echo de comer a las gallinas y hago cualquier cosilla de casa y a la panadería. Veo la televisión y cuando puedo hago alguna visita, aunque cada vez me cuesta más”.
Juan Martínez, nuestro héroe, es un hombre sencillo y sabio, de vida ordenada y tranquila, “conocí a mis cuatro abuelos, mi abuela María Marín Rojas tenía mucha memoria”.
Pelayo, mi casa

La barriada de Pelayo se conoce por su pan y por su ambiente, “en mis tiempos era muy bonito. Habían señoritos y pobres, los primeros venían a veranear y los que estábamos aquí a servir como a don Francisco Cos, de Cádiz, ingeniero de Puertos y Canales o un tal don Rogelio, que era de Algeciras”.
Y añade, “gente de mucho dinero, aquí tenían un clima ideal para combatir las enfermedades respiratorias, el agua de Pelayo es otra de las cosas buenas que tenemos”. Venían escritores y marqueses, don José Posada, Manuel Valdayo, los Millán, “tenían sus mansiones y se pasaban el verano por aquí”.
Y la vida, ahora, “la veo bonita, vivo muy a gustito y la política no me gusta”. Historia a puño y letra repleta de hermosos capítulos de este hombre formidable que cumplirá 95 años en el próximo mes de diciembre.
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