Vivimos en un mundo en el que retransmitimos a través de las redes, no solo lo que nos sucede sino lo que imaginamos.
Juan Antonio Palacios Escobar, Ex alcalde de Algeciras
Recuerdo como si fuera hoy, aquel 15 de junio de 1977, era la primera vez que acudía a las urnas para elegir a los representantes en el Congreso y en el Senado.Han pasado más de cuatro décadas, casi 42 años y como candidato, formando parte de Comités de Campaña o dirigiéndolas, son muchas las vivencias políticas que he vivido.
A lo largo de este tiempo he experimentado elecciones generales, municipales, autonómicas y europeas. En la transición democrática teníamos sed de libertad y en los mítines llenábamos auditorios, campos de fútbol y plazas de toros.

Hoy las cosas han cambiado y se han incorporado a la dialéctica política internet y las redes sociales.
Conocemos a los candidatos, sus programas, sus reuniones, debates, aficiones y perfiles a través de facebook, twuiter, linkedin, youtube , instagram, pinterest y otros vehículos digitales.
No hay organización política que se precie que no tenga un buen equipo especializado en redes que mantenga informados a sus afiliados, militantes, simpatizantes, electores y ciudadanía en general que las utilizan.
Por tanto, nadie puede dudar de la bondad de las mismas para poner en marcha iniciativas positivas que colaboren a una mayor y mejor información electoral y política.
Ocurre que desgraciadamente no siempre es así, y que como en cualquier faceta de nuestras vidas, pero con más potencia espacial y temporal, las redes sociales son un camino peligroso para desalmados y sinvergüenzas.

Hay quienes, aprovechando un proceso electoral, las inundan de noticias falsas, bulos e intoxicaciones. Lo que expresa cualquier personaje público por el medio que sea, debe estar determinado por la libertad de expresión y el respeto a la propia dignidad y a la de los demás.
Por todo ello, como usuarios de las redes hemos de tener mucho cuidado con lo que decimos y transmitimos.
No debemos precipitarnos y quedarnos en la superficie o los titulares, sin leerlo todo o profundizar en lo que se dice, que puede ser el reflejo de la realidad o algo totalmente inventando por gente tan cobarde y miserable, que oculta su identidad y no especifica el cuándo y el dónde de lo sucedido.
Desde hace una década el papel de las redes sociales se ha incrementado en las campañas electorales, pero hay tres errores que ningún político que se precie de honradez, debe cometer. Reducir toda la comunicación con la gente a las redes sociales, pensar que las redes son un fin en sí mismo y no un valioso medio, útil si está bien utilizado, y olvidarse de la calle y el contacto personal con la ciudadanía.

Vivimos en un mundo en el que retransmitimos a través de las redes, no solo lo que nos sucede sino lo que imaginamos.
Si no regulamos esta circulación de personas y contenidos, tendremos la sensación de indefensión personal y colectiva. Esta regulación debe comenzar por las propias empresas que explotan los diferentes portales y buscadores. Sin ir más lejos, recientemente whatsapp ha limitado el reenvío de 20 a cinco remitentes, como una forma de combatir las noticias falsas.
Podemos en cualquier momento alertar o tranquilizar, montar un lío grande con una cosa insignificante o acallar algo realmente grave, silenciar a los lobos o darles voz a las ovejas.
Seamos responsables.