El reconocido fotógrafo sanroqueño Fernando García Arévalo expuso entre diciembre y enero en Algeciras “En lo más ancho del Estrecho”

En septiembre de 1992, el fotógrafo sanroqueño Fernando García Arévalo logró capturar con su cámara las primeras imágenes de inmigrantes irregulares cruzando en patera el Estrecho de Gibraltar.
Aquellas fotografías, que consiguió tras permanecer un mes y medio acampado, día y noche, a orillas de los apenas 14 kilómetros que separan Europa de África, dieron la vuelta al mundo, y después vinieron muchas más.
25 años más tarde, una selección de esos testimonios gráficos pasaron a formar parte de “En lo más ancho del Estrecho”, una exposición itinerante que contó con el apoyo de la Diputación Provincial de Cádiz, y que entre los útimos días de 2020 y los primeros de 2021 estuvo abierta al público en Algeciras, en la sala Cajasur.

La muestra, que también ha dado lugar a un libro, se inauguró a finales de noviembre y permaneció en dichas instalaciones hasta el 9 de enero. Las impactantes fotografías, acompañadas de textos y observaciones del propio reportero, narran distintos capítulos de un drama que no cesa, y que sigue tan de actualidad como hace un cuarto de siglo, aunque hoy sean otras playas, y no las de Tarifa, Rota o Barbate, los principales escenarios de los naufragios.
“Desgraciadamente, estas imágenes se han convertido en intemporales, porque la gente se sigue arriesgando y sigue muriendo por lo mismo que hace 25 años, los traslados de inmigrantes se siguen haciendo en semi-clandestinidad, de manera oscura, y la sociedad parece haberse insensibilizado”, lamenta García Arévalo, empeñado en que:

“estas cosas hay que seguir contándolas, aunque sea de otra manera, si es que es posible. Hemos visto tantas veces por televisión embarcaciones hundidas, madres que gritan llamando a sus hijos, voluntarios de Cruz Roja y guardias civiles sacando cadáveres del agua, que ya es como si lo hubiéramos normalizado, a veces ni se le presta atención… Y es un drama tremendo”.
El fotógrafo, que ha recibido hasta en cinco ocasiones el premio Andalucía de Migraciones, y por cuyo objetivo han pasado 17 países del Magreb, Oriente Medio y el África Negra, se muestra muy crítico no sólo con la pasividad occidental, y de una Europa que “mira para otro lado”, sino también con la actual política de visados y una legislación en materia de inmigración irregular en la que “aún queda mucho por hacer”.

Y cree que sigue siendo necesaria, en general, una mayor empatía, una mayor capacidad de ponerse en el lugar del otro, del que ha tenido la mala suerte de nacer en el lugar equivocado del planeta.
“Las migraciones no van a parar, porque siempre va a haber gente que se la juegue para tener una vida mejor, sobre todo si la suya es una pesadilla… Quiero creer que yo también haría lo mismo, que yo tampoco me conformaría”.
Aporofobia e historias de supervivencia
Las imágenes de “En lo más ancho del Estrecho”, y los textos que las acompañan, cargados de la verdad de lo observado, pero también de profundidad literaria, algunos incluso en forma de poemas, no dejan a nadie indiferente.
La exposición itinerante, que continuará su recorrido por otras salas, incluye reflexiones tan rotundas como las que su autor despliega en torno a la palabra “aporofobia”, o “miedo al pobre”:

“admitámoslo: no tenemos miedo de la persona de color arropada con visado y tarjetas de crédito, asusta la persona negra que cruza fronteras irregularmente y sin dinero; no rechazamos al árabe empresario que aterriza con su jet privado, despreciamos al moro sin recursos que se juega la vida en un barcucho”…).
Las fotografías no sólo muestran pateras, naufragios y cadáveres en el Estrecho (“fosa común de razas, monumento a los caídos”), sino que relatan también, y sobre todo, historias de supervivencia, de angustia, de valor y de esperanza, a un lado y otro del abismo que separa el primer mundo del tercero.

Alambradas, túneles, cloacas, ataúdes, invernaderos que asfixian bajo un mar de plástico, cartas de madres a sus hijos, de hijos a sus madres, pasaportes falsificados, vidas inventadas para no lastimar a los que atrás quedaron…
Imágenes capturadas en las costas de Cádiz, en Ceuta y Melilla, en Canarias, en Huelva y Almería, pero también en Marruecos, Túnez, Senegal o Mauritania.
Todas ellas reflejan, como cuenta su autor, “la terrible odisea por la que pasan esas miles de personas que un día, asqueadas, vencidas o asustadas, deciden dejar su hogar en busca de un lugar menos hostil y más justo”.

Al fin y al cabo, como sostiene Fernando García Arévalo, en todo este asunto, en lo esencial, no ha cambiado nada. “Siguen viniendo los mismos, y por las mismas razones. Siguen ahogándose los de siempre y antes de hundirse gritan… Estamos como al principio”.
Tal vez por ello, como el propio fotoperiodista firma en el libro ligado a esta exposición, “el Estrecho necesita un Picasso; el Mediterráneo, un Guernica; el mundo, un milagro”.