Lorenzo Pérez-Periáñez, uno de los fundadores del Grupo Transfronterizo, defiende con firmeza la necesidad de mantener los estrechos vínculos que unen a ambos pueblos.
Lorenzo Pérez-Periáñez Carmona no necesita presentación en la zona por su lucha constante en defensa de los intereses de La Línea y de Gibraltar, dos pueblos con muchas diferencias, pero también con muchas cosas en común que este empresario linense defiende con firmeza.

“Gibraltar y La Línea tienen vínculos económicos, familiares, sociales, culturales, lingüísticos e incluso gastronómicos. Somos pueblos hermanos y únicos. Tenemos una identidad muy marcada y hay muchas más cosas que nos unen que las que nos separan. No podemos ni debemos renunciar a esto”, sostiene.
Como presidente de la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa de La Línea (Apymell) y portavoz del Grupo Transfronterizo, ha hecho y continúa haciendo una gran labor ajena a los vaivenes que sacuden a la zona y a los cambios de siglas políticas.
El endurecimiento de los controles en la Verja por parte de las autoridades españolas en 2013 y las eternas colas que provocaron hicieron que Lorenzo Pérez-Periáñez se rebelara e iniciase un nuevo reto personal: luchar por la convivencia pacífica de Gibraltar y La Línea al margen de cualquier cuestión política.

Desde entonces se ha mostrado muy beligerante con las decisiones políticas que han asfixiado y castigado a los habitantes y las economías de La Línea y Gibraltar. El germen del Grupo Transfronterizo, que agrupa a sindicatos y empresarios de ambos lados de la Verja, fueron precisamente aquellas colas y detrás estuvo Lorenzo Pérez-Periáñez, uno de sus fundadores, así como Alfredo Vasquez y Gemma Vasquez, entonces responsables de la asociación de la pequeña empresa de Gibraltar (“GFSB” por sus siglas en inglés).
“Aquello nos afectó a todos, al turismo de Gibraltar, a los negocios de La Línea, a los trabajadores transfronterizos, que pasaron un calvario y cuyos puestos peligraban…”, cuenta.
Los sindicatos de ambos lados también habían iniciado conversaciones, por lo que empresarios y sindicalistas aunaron fuerzas y crearon el Grupo Transfronterizo. “Primó el interés de todos. Redactamos una primera declaración pública con un mensaje muy claro: ninguna decisión política puede o debe influir negativamente en el bienestar y la relación de los ciudadanos de Gibraltar y el Campo de Gibraltar”, explica.

El Grupo Transfronterizo, ante la persistencia de las colas, acudió a Bruselas para denunciar la situación y el trato inhumano que se dispensó a quienes las sufrieron. Ancianos, niños, embarazadas, enfermos y miles de trabajadores soportaron como pudieron colas que llegaron a las seis horas. “No sólo era una cuestión de perjuicios económicos sino de derechos humanos. Hubo desmayos y se vivieron episodios realmente dramáticos”, cuenta.
Superados aquellos complicados momentos y tras unos años de convivencia ejemplar llegó otra amenaza, el Brexit, que ya es una realidad y sobre el que hay mucha incertidumbre: “El resultado del referéndum en Reino Unido cayó como un jarro de agua fría en el Grupo Transfronterizo. No hay que olvidar que el 96% de los gibraltareños votó a favor de la permanencia en la Unión Europea”, explica.
Este grupo, lejos de resignarse, encontró una fórmula para mitigar los aún inciertos efectos del Brexit, la Agencia Europea de Cooperación Territorial, algo sobre lo que aguarda una respuesta del Gobierno español y que puede deparar un futuro de prosperidad para la zona. Pese a la que está cayendo, Lorenzo Pérez-Periáñez se muestra optimista y no se resigna a soñar con un futuro próspero para La Línea y Gibraltar:
“Sé que es muy complicado, pero imagino una gran área regulatoria común entre La Línea y Gibraltar con una equidad en los impuestos y un mismo sistema fiscal. Dejar a ambas ciudades unidas”.