Ana María Romera Poveda, de Los Barrios, se ha hecho con uno de los veinte premios al esfuerzo y la superación personal en Educación Secundaria Obligatoria para adultos en Andalucía.
Ana María Romera Poveda tiene 21 años y un espíritu de superación admirable. Esta joven se ha hecho con uno de los veinte premios de Nivel II de Educación para Personas Adultas Semipresencial en el instituto Sierra Luna de Los Barrios durante el curso 2017/2018. La Junta de Andalucía distingue con estos galardones el esfuerzo y la superación personal en Educación Secundaria Obligatoria para adultos en la Comunidad autónoma.
Esta joven barreña, además de obtener unas calificaciones sobresalientes, ha sido acreedora de esta importante distinción por otros méritos, según ha reconocido la propia Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Además de darlo todo en los estudios, Ana María ha simultaneado un curso de auxiliar de enfermería, un trabajo como limpiadora en el Ayuntamiento de Los Barrios, la atención a un familiar dependiente y la colaboración solidaria con personas necesitadas.
No contenta con eso, desempeñó el cargo de delegada de clase, en el que resultó elegida por unanimidad, una responsabilidad que la Consejería de Educación concluye que ha también ha realizado “de forma eficiente y para el beneficio de todos sus compañeros”.
Y todo eso teniendo además una hija de poco más de dos años que aún requiere gran parte de su tiempo. Su profesorado ha reconocido además su actitud, su comportamiento y su brillante trabajo.
Ninguno de estos halagos parece haberle hecho perder el norte, todo lo contrario. Ana María es una joven sencilla, risueña y optimista con su futuro y el de los suyos.

Dejó de estudiar al enfermar su padre
La enfermedad de su padre la apartó de los estudios cuando era más joven: “Mi padre enfermó y quería estar todo el tiempo posible con él. Así lo hice. A los dos meses y medio de cumplir 18 años, mi padre falleció”, comenta con tristeza.
La cada vez menor dependencia de su hija hizo que se plantease volver a estudiar, y así lo hizo, y con qué ganas. “Yo aún daba el pecho a mi hija pero ya no era con tanta frecuencia como antes, así que decidí matricularme en el instituto para ir por las tardes, de cuatro a ocho. Por las mañanas trabajaba de limpiadora en el Ayuntamiento”, explica.
“Estudiaba entre las tomas de mi hija”

Ana María estudiaba cuando su hija se quedaba dormida. “Entre toma y toma, estudiaba. Tenía que aprovechar el tiempo”, cuenta.
Pero es que, al mismo tiempo, Ana María estudiaba a distancia un curso auxiliar de enfermería que ha superado con éxito. La razón: un familiar dependiente. “Está encamado para toda la vida y decidí hacer auxiliar de enfermería para cuidarlo lo mejor posible, aunque quiero ir a más. Quiero estudiar Enfermería”, explica. De todas las asignaturas, la que se le hizo más cuesta arriba fue matemáticas y la que más le gustó, inglés. De hecho, quiere seguir estudiando este idioma: “El inglés me encanta, lo adoro. Voy a seguir estudiándolo porque siempre me ha gustado”.
“Ha merecido la pena tanto esfuerzo”
Confiesa que no esperaba este reconocimiento y que cuando se lo notificaron no lo podía creer: “Fue mi tutor el que me dijo que me iba a inscribir. No tenía nada que perder pero no me lo esperaba. Cuando me llamó para decirme que había ganado, no podía creérmelo. Eso significa que han reconocido todo el esfuerzo que he hecho con el trabajo, la niña, los estudios…Ha merecido la pena”.
Ahora va a comenzar a trabajar en Asansull, en La Línea, un reto laboral ante el que se muestra muy ilusionada y para el que además ya se prepara para afrontar otra prueba: el carné de conducir. Seguro que la supera.